Jugadoras

Por qué las futbolistas se rompen el cruzado más que los futbolistas (y qué se está haciendo)

Hasta seis veces más lesiones de LCA en jugadoras. La ciencia empieza a entender por qué y la respuesta no es "son más débiles".

Redacción Moda Y Fútbol·25 de mayo de 2026·8 min de lectura

Beth Mead, Vivianne Miedema, Sam Kerr, Alexia Putellas, Catalina Coll, Leah Williamson. Si la lista te suena, no es casualidad: todas se rompieron el ligamento cruzado anterior en los últimos cuatro años. Las futbolistas profesionales tienen entre dos y seis veces más probabilidad de sufrir esta lesión que sus colegas masculinos, según los últimos metaanálisis publicados en el British Journal of Sports Medicine.

Durante años, la explicación oficial fue "diferencias anatómicas". El ángulo Q de la pelvis femenina (más ancha) cambia la mecánica de la rodilla. El surco intercondilar (por donde pasa el ligamento) es más estrecho. La laxitud articular es mayor. Todo eso es cierto, pero solo explica una parte del problema. La otra parte, mucho más incómoda, tiene que ver con cómo se ha tratado al fútbol fem históricamente.

Datos del estudio Project ACL de Nike, publicado en 2024: las jugadoras profesionales viajan en promedio 35% más kilómetros por temporada que los masculinos (porque sus ligas son más fragmentadas y las selecciones concentran más). Duermen 1,3 horas menos por noche en gira. Tienen un staff médico que es, en promedio, la mitad de grande. Y, lo más doloroso, hasta 2022 muchas seguían entrenando con botas, balones y campos diseñados para hombres.

El ciclo menstrual también entra en la ecuación. Investigación de la Universidad de Bath confirmó en 2023 lo que muchas jugadoras ya intuían: el riesgo de lesión de LCA sube entre un 30% y un 50% durante la fase folicular tardía, justo antes de la ovulación, cuando los estrógenos están altos y los ligamentos más laxos. ¿Cuántos clubes adaptan sus entrenamientos al ciclo? Chelsea, Arsenal, Barça y un puñado más. Cuántos no: la mayoría.

Lo que se está haciendo. FIFA financió en 2023 un programa específico de prevención (FIFA 11+ ACL) que reduce la incidencia un 50% según los primeros resultados. UEFA puso fondos para que cada selección europea tenga al menos un fisio especializado en salud femenina. Y las marcas, por fin, empezaron a invertir en investigación: Nike, Adidas y Puma comparten datos por primera vez en la historia.

Lo que falta. Más mujeres en los staffs médicos (hoy son menos del 15% en el fútbol pro). Calendarios más sensatos (las jugadoras top juegan más de 60 partidos por temporada). Reconocer que el problema es estructural y no individual. Cuando Beth Mead se rompió el cruzado en 2022, la primera reacción de muchos comentaristas fue "es mala suerte". No lo era. Era el resultado predecible de un sistema que llevaba décadas tratando al fútbol fem como un pasatiempo.

La buena noticia: hay conciencia, hay dinero y hay investigación. La mala: hasta que los cambios estructurales lleguen abajo, vamos a seguir viendo a estrellas perderse temporadas enteras. Si esta crónica te llega justo cuando tu jugadora favorita acaba de caer, recordá que no es ni mala suerte ni debilidad. Es un problema sistémico al que, por fin, le están poniendo nombre.

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